El truco está en el corte y el punto de la salsa

Si alguna vez te quedó regular, seguramente fue por no cortar las patatas del mismo tamaño. Usa un cuchillo afilado y haz cubos de 2 cm, así se cocinan todas a la vez. Enjuágalas bien bajo el grifo para quitar el almidón superficial y que no se peguen.
El momento clave es saber cuándo están las patatas. Pincha una con un tenedor o un cuchillo después de los 20 minutos de vapor. Deben ceder pero ofrecer una ligera resistencia, estar tiernas por dentro pero mantener la forma. Si las dejas demasiado, se desharán al mezclarlas con la salsa.
Para la salsa, ten cuidado con el ajo. Solo necesita un minuto en la mantequilla para soltar aroma, si se dora amargará todo. Cuando añadas la nata y la lleves a hervir, remueve constantemente para que no se corte. Baja el fuego antes de incorporar la mostaza Dijon y el zumo de limón; el calor muy fuerte puede hacer que la mostaza se vuelva amarga y la nata se corte.
Mi consejo: escúrrelas muy bien nada más sacarlas del vapor. Si les queda agua, diluirá la salsa y perderá cuerpo. Mézclalas con la salsa en caliente y justo antes de servir, así el perejil mantiene su frescura. Si te sobra, recalienta a fuego muy suave, casi al baño María, para que la salsa no se separe.
Añadir una mezcla de hierbas frescas como eneldo, cebollino y estragón a la salsa para un toque aromático adicional.
Sustituir la nata por leche de coco y la mantequilla por aceite de oliva. Usar mostaza sin ingredientes de origen animal.
Guardar las patatas y la salsa por separado en recipientes herméticos. Calentar las patatas al vapor y la salsa a fuego bajo antes de combinar.
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23 de febrero de 2026
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