Crujientes por fuera y tiernas por dentro con un toque ahumado

Las patatas asadas a la barbacoa son una guarnición clásica que combina la textura crujiente de la piel con el interior cremoso de la patata, todo ello impregnado con el característico sabor ahumado de la parrilla. Este plato tiene sus raíces en la cocina campestre española, donde las patatas se cocinaban directamente sobre las brasas durante las celebraciones y reuniones familiares al aire libre. La técnica de asar las patatas en la barbacoa permite que desarrollen una corteza dorada y crujiente mientras mantienen su humedad interior, creando un contraste de texturas que las hace irresistibles.
El sabor de estas patatas es profundamente terroso con notas ahumadas que se intensifican según el tipo de leña o carbón utilizado. Las hierbas aromáticas como el romero y el tomillo se funden con el aceite de oliva para crear una capa de sabor que penetra en cada bocado. La sal marina gruesa no solo aporta el punto justo de salinidad, sino que también ayuda a formar esa corteza dorada tan característica. Es importante elegir patatas de buena calidad, preferiblemente de variedades como la Kennebec o la Monalisa, que mantienen bien su estructura durante la cocción prolongada.
La textura es el elemento más destacado de este plato: por fuera, una corteza crujiente y ligeramente carbonizada que se deshace al morder; por dentro, una carne tierna y mantecosa que prácticamente se funde en la boca. Este contraste se logra mediante un proceso de cocción lento y constante, permitiendo que el calor penetre uniformemente sin quemar la superficie. El aceite de oliva no solo contribuye al sabor, sino que también ayuda a conducir el calor y a crear esa textura crujiente tan deseada.
Para la presentación, se recomienda servir las patatas directamente en una fuente de madera o cerámica rústica, espolvoreadas con perejil fresco picado y acompañadas de alioli o salsa brava para mojar. La rusticidad del plato invita a comer con las manos, aunque también pueden servirse con cubiertos si se prefiere. El aroma que desprenden al abrir el papel de aluminio es parte integral de la experiencia, por lo que es recomendable abrirlas en la mesa para que los comensales disfruten del espectáculo sensorial completo.
Un consejo importante es no apresurar la cocción: las patatas necesitan tiempo para desarrollar todo su potencial de sabor y textura. La temperatura media de la barbacoa es clave; demasiado calor quemará la piel antes de que el interior esté cocido, mientras que muy poco calor resultará en patatas gomosas. La técnica de envolverlas en papel de aluminio durante la primera mitad de la cocción ayuda a cocer el interior, mientras que destaparlas durante la segunda mitad permite que se doren perfectamente.
Esta guarnición versátil acompaña perfectamente carnes a la parrilla, pescados o incluso puede servirse como plato principal vegetariano con una ensalada fresca. Su preparación es sencilla pero requiere atención a los detalles, especialmente en el control del fuego y el tiempo de cocción. Las patatas asadas a la barbacoa son más que un simple acompañamiento; son una celebración de los sabores simples y auténticos que definen la cocina al aire libre.
A los últimos 5 minutos de cocción, espolvorea las patatas con queso rallado (parmesano o manchego) y deja que se derrita ligeramente.
Añade 1/2 cucharadita de cayena o pimentón picante a la mezcla de aceite para un toque picante.
Exprime el jugo de medio limón sobre las patatas justo antes de servir para un toque fresco y ácido.
Guarda las patatas sobrantes en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, colócalas en el horno precalentado a 180°C durante 10-15 minutos o en una sartén con un poco de aceite hasta que recuperen la textura crujiente.
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