Crujientes por fuera y tiernas por dentro, el acompañamiento perfecto

Las patatas asadas son un clásico de la cocina española que nunca pasa de moda. Este plato humilde pero delicioso tiene sus raíces en las cocinas rurales, donde se aprovechaban los ingredientes básicos para crear acompañamientos sustanciosos y llenos de sabor. La técnica de asar las patatas en el horno permite que desarrollen una corteza dorada y crujiente mientras mantienen su interior tierno y cremoso, creando un contraste de texturas que las hace irresistibles.
El secreto de unas patatas asadas perfectas está en la elección del tipo de patata y en el proceso de cocción. Las patatas de variedades harinosas como la Kennebec o la Monalisa son ideales porque absorben bien los sabores y se deshacen ligeramente al cocinarse. El aceite de oliva virgen extra no solo ayuda a dorar la superficie, sino que también aporta su característico sabor afrutado y ligeramente picante que complementa perfectamente la dulzura natural de la patata.
La combinación de hierbas aromáticas como el romero y el tomillo añade profundidad al plato, mientras que el ajo, que se añade a mitad de cocción para evitar que se queme, proporciona un aroma intenso que impregna toda la preparación. La sal marina gruesa se adhiere a la superficie de las patatas, creando pequeños puntos de intenso sabor que contrastan con la suavidad del interior.
Para la presentación, se recomienda servir las patatas asadas en una fuente amplia, espolvoreadas con perejil fresco picado para añadir un toque de color y frescura. El contraste entre el dorado intenso de las patatas y el verde brillante del perejil crea una presentación visualmente atractiva. Se pueden acompañar con una ramita de romero fresco como decoración, que además permite a los comensales apreciar el aroma que ha impregnado el plato.
Este acompañamiento versátil combina perfectamente con carnes asadas, pescados al horno o incluso como parte de un plato vegetariano más completo. Su textura crujiente por fuera y cremosa por dentro las convierte en el complemento ideal para salsas y jugos, ya que absorben los sabores sin perder su carácter propio. Las patatas asadas son ese tipo de guarnición que, aunque aparentemente simple, puede robar el protagonismo a cualquier plato principal.
Un consejo final para conseguir el máximo sabor es utilizar una bandeja de horno que permita que las patatas se doren uniformemente por todos lados. No amontonarlas demasiado es crucial para que el calor circule adecuadamente y se forme esa corteza dorada tan característica. Dejar reposar unos minutos fuera del horno antes de servir permite que los almidones se asienten y la textura sea aún más perfecta.
Añade 1 cucharadita de pimentón dulce y 1/2 cucharadita de comino molido a la mezcla de aceite antes de hornear.
Añade la ralladura de 1 limón y el jugo de medio limón a las patatas antes de hornear, y decora con más ralladura al servir.
5 minutos antes de terminar la cocción, espolvorea las patatas con 50g de queso parmesano rallado y vuelve a hornear hasta que se derrita.
Dejar enfriar completamente, guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Recalentar en el horno a 180°C durante 10-15 minutos para recuperar la textura crujiente.
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