El clásico tapa española con salsa picante

Las patatas bravas son uno de los tapas más emblemáticos de la gastronomía española, especialmente populares en Madrid y Barcelona. Este plato consiste en patatas fritas en cubos acompañadas de una salsa brava picante y, en muchas ocasiones, de una salsa alioli cremosa. Su origen se remonta a los años 60 en Madrid, donde comenzó a servirse en bares y tabernas como un aperitivo económico y sabroso que acompañaba perfectamente una cerveza fría.
El sabor de las patatas bravas es una combinación perfecta entre el crujiente exterior de las patatas fritas, su interior tierno y el contraste picante de la salsa brava. La salsa tradicional se elabora con tomate, pimentón y guindilla, aunque existen numerosas variaciones regionales. En algunas zonas se añade también un toque de vinagre que aporta acidez y realza los sabores.
La textura es fundamental en este plato: las patatas deben quedar doradas por fuera y esponjosas por dentro, mientras que la salsa debe tener una consistencia ni demasiado líquida ni demasiado espesa, que permita adherirse bien a las patatas. El contraste entre el calor de las patatas recién fritas y la temperatura de la salsa crea una experiencia sensorial única.
Para la presentación, se recomienda servir las patatas en un plato amplio o en una cazuela de barro tradicional, con la salsa brava por encima y, si se desea, un hilillo de salsa alioli decorando el plato. Se pueden espolvorear con perejil fresco picado para dar un toque de color y frescor. Es importante servir las patatas inmediatamente después de freírlas para que conserven su textura crujiente.
Este plato es perfecto para compartir en reuniones sociales, ya que invita a comer con las manos y disfrutar en compañía. Su versatilidad permite adaptar el nivel de picante según los gustos personales, desde suave hasta muy picante. Las patatas bravas son más que un simple aperitivo; representan la esencia de la cultura del tapeo español.
Un consejo importante es utilizar patatas adecuadas para freír, como la variedad Kennebec o Monalisa, que tienen un alto contenido en almidón y absorben menos aceite. También es crucial secar bien las patatas después de cortarlas para evitar salpicaduras durante la fritura y conseguir un dorado uniforme.
Añadir trocitos de chorizo ibérico frito a las patatas antes de servir con la salsa.
Sustituir el caldo de pollo por caldo de verduras y omitir el alioli o prepararlo con base de soja.
Servir las patatas con un huevo frito encima, que al romperse se mezcla con las patatas y la salsa.
Guardar las patatas y la salsa por separado en recipientes herméticos. Las patatas perderán su textura crujiente al refrigerarse. Calentar la salsa en un cazo y las patatas en el horno a 180°C durante 5-10 minutos para recuperar algo de textura.