Una guarnición clásica con un toque picante y cremoso

Las patatas crujientes con salsa de mostaza son una guarnición versátil que combina la textura dorada y crujiente de las patatas con la cremosidad y el sabor picante de una salsa de mostaza casera. Este plato tiene sus raíces en la cocina española tradicional, donde las patatas fritas se han convertido en un acompañamiento imprescindible para carnes, pescados y otros platos principales.
La clave de esta receta está en la doble cocción de las patatas, una técnica que garantiza un interior tierno y un exterior perfectamente dorado y crujiente. Las patatas se cortan en bastones o gajos, se precocen para eliminar el exceso de almidón y luego se fríen a temperatura controlada hasta alcanzar ese punto dorado tan característico.
La salsa de mostaza es el complemento perfecto, elaborada con mostaza de Dijon, nata fresca y un toque de limón que equilibra la intensidad del sabor. La combinación de la mostaza con hierbas frescas como el eneldo o el perejil añade frescura y complejidad aromática a la salsa.
Para la presentación, se recomienda servir las patatas calientes directamente de la sartén, acompañadas de la salsa de mostaza en un recipiente aparte para que cada comensal pueda dosificarla a su gusto. Se pueden decorar con un poco de perejil fresco picado o unas ramitas de eneldo para dar un toque de color y frescura.
Esta guarnición es perfecta para acompañar carnes a la parrilla, pescados al horno o incluso como parte de un plato combinado más elaborado. Su versatilidad la convierte en una opción segura para cualquier ocasión, desde cenas informales hasta reuniones más formales.
Un consejo importante es utilizar patatas de variedad adecuada para freír, como la Kennebec o la Monalisa, que tienen un contenido de almidón equilibrado que favorece la formación de esa corteza crujiente tan deseada sin que el interior quede pastoso.
Para una versión más saludable, hornear las patatas a 200°C durante 25-30 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción.
Aumentar la cantidad de miel a 2 cucharadas para una salsa más dulce que contraste con el picante de la mostaza.
Añadir romero fresco o tomillo a las patatas durante la fritura para un aroma más intenso.
Guardar las patatas y la salsa por separado en recipientes herméticos. Las patatas se pueden recalentar en el horno a 180°C durante 5-7 minutos para recuperar la textura crujiente.
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