Patatas al horno doradas y tiernas, con ajo y romero

Para evitar los fallos de siempre, prioriza el corte y el espacio. Usa patatas para horno y córtalas en rodajas de 1 cm. Si son más finas, se secan; si son más gruesas, el interior queda crudo. Y esto es clave: colócalas en una sola capa en la fuente. Si se amontonan, se cocerán al vapor y no se dorarán.
El aceite no solo evita que se peguen; es el vehículo del sabor. Rocía generosamente para que cada rodaja quede bien impregnada. Añade los ajos ligeramente aplastados (así sueltan más aroma) y las ramitas de romero enteras. La sal gruesa sala de forma más uniforme.
El punto clave del horneado. Precalienta el horno a 200°C y hornea durante 45-50 minutos. A la mitad del tiempo, dales la vuelta con una espátula. Este paso es imprescindible para que se doren por igual y no se quemen por la base. Estarán listas cuando estén doradas y crujientes por fuera, pero si pinchas una con un cuchillo, debe ceder fácilmente.
Sácalas y déjalas reposar 5 minutos antes de servir. Ese reposo ayuda a que la textura se asiente. Si te sobran, se conservan bien un par de días en la nevera. Para recalentarlas, usa el horno o una sartén para recuperar el crujiente.
Añadir rodajas finas de limón entre las patatas antes de hornear para un toque cítrico.
Incorporar guindilla seca o pimentón picante al aceite antes de rociar sobre las patatas.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, colocar en el horno a 180°C durante 10-15 minutos o en una sartén antiadherente hasta que estén calientes y crujientes nuevamente.
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