Un clásico de la cocina china con piel crujiente y salsa dulce-salada

El pato laqueado es uno de los platos más emblemáticos de la cocina china, con una historia que se remonta a la dinastía Ming. Esta técnica de cocción, conocida como 'Peking Duck', se perfeccionó en los palacios imperiales donde los chefs desarrollaron métodos para lograr una piel extremadamente crujiente mientras la carne permanecía jugosa y tierna. La clave está en el proceso de secado y múltiples capas de glaseado que crean esa textura característica que se deshace en la boca.
El sabor es una perfecta armonía entre lo dulce y lo salado, con notas terrosas de las especias chinas tradicionales. La piel caramelizada contrasta maravillosamente con la carne rica y sabrosa del pato, mientras que la salsa hoisin añade profundidad con su combinación de soja fermentada, ajo y especias. Los encurtidos de pepino y rábano aportan la acidez y frescura necesarias para equilibrar la riqueza del plato.
La textura es verdaderamente espectacular: la piel debe ser tan crujiente que casi se rompa como cristal al cortarla, mientras que la carne interior debe desprenderse fácilmente del hueso. Cada bocado ofrece una experiencia sensorial completa, desde el crujido inicial hasta la suavidad de la carne y el contraste de los encurtidos crocantes.
Para la presentación, tradicionalmente se sirve el pato entero en la mesa para que los comensales admiren su brillante color caoba antes de ser cortado. Se acompaña con panecillos al vapor o crepes finas, permitiendo a cada persona armar sus propios bocados. La disposición en la mesa debe ser colorida y atractiva, con los encurtidos formando un arco iris de verduras alrededor del pato.
Este plato es ideal para ocasiones especiales donde se busca impresionar a los invitados con una preparación técnica y visualmente impactante. Requiere paciencia y atención al detalle, pero el resultado justifica ampliamente el esfuerzo. La combinación de sabores y texturas lo convierte en una experiencia culinaria memorable que trasciende lo cotidiano.
Un consejo importante es respetar los tiempos de secado entre cada capa de glaseado, ya que esto es crucial para lograr la textura perfecta de la piel. También es fundamental dejar reposar el pato después del horneado para que los jugos se redistribuyan, asegurando una carne tierna y jugosa en cada porción.
En lugar de panecillos al vapor, usa crepes chinas finas (mu shu pancakes). Caliéntalas ligeramente al vapor antes de servir.
Añade 1-2 cucharaditas de pasta de chile doubanjiang a la salsa hoisin para un toque picante y umami.
Sustituye el rábano blanco por daikon (rábano japonés) cortado en tiras finas para una versión más tradicional.
Guarda el pato, salsa y encurtidos por separado en recipientes herméticos. El pato se puede recalentar en el horno a 160°C durante 10-15 minutos para recuperar la textura de la piel.
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