Un postre australiano-neozelandés de merengue crujiente por fuera y suave por dentro, coronado con nata montada y frutas frescas

La Pavlova es uno de los postres más icónicos de Oceanía, cuyo origen se disputa entre Australia y Nueva Zelanda desde la década de 1920. Se dice que fue creada en honor a la bailarina rusa Anna Pavlova durante su gira por ambos países. Este postre combina magistralmente texturas contrastantes: una base de merengue crujiente por fuera que esconde un interior suave y esponjoso, similar a un malvavisco.
La clave de una buena Pavlova está en el proceso de batido de las claras y en el horneado lento a baja temperatura. El merengue debe quedar perfectamente blanco, con una corteza firme pero no dura, y un interior que se derrita en la boca. La adición de vinagre y maicena es fundamental para estabilizar la estructura y lograr esa textura característica.
Para la cobertura, la nata montada debe ser fresca y apenas endulzada, para equilibrar la dulzura del merengue. Las frutas elegidas deben ser de temporada y vibrantes, tanto en sabor como en color. Los frutos rojos como fresas, frambuesas y arándanos son clásicos, pero también funcionan maravillosamente los kiwis, mangos y frutas de la pasión.
La presentación es crucial en este postre. Se sirve generalmente en una fuente grande para compartir, con la nata montada extendida generosamente sobre el merengue y las frutas dispuestas artísticamente. Es importante servir la Pavlova inmediatamente después de montarla, ya que la humedad de la nata puede ablandar el merengue con el tiempo.
Este postre es perfecto para celebraciones especiales, ya que impresiona visualmente y deleita a todos los comensales. Aunque requiere cierta técnica, el resultado vale cada minuto de preparación. La combinación de dulce, ácido y texturas crea una experiencia gastronómica memorable.
Sustituye los frutos rojos por mango, piña, maracuyá y coco rallado para un toque tropical.
Añade 2 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar al merengue y decora con virutas de chocolate y frambuesas.
Forma montones individuales de merengue para porciones individuales, horneando por 45-50 minutos.
El merengue sin decorar puede guardarse en un recipiente hermético a temperatura ambiente hasta 2 días. Una vez montada con nata y frutas, conservar en refrigeración y consumir en 24 horas máximo.
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