Una guarnición clásica mediterránea con sabor ahumado y textura sedosa

Los pimientos asados son una guarnición tradicional de la cocina española que destaca por su sabor dulce y ahumado. Esta preparación sencilla pero llena de carácter transforma los pimientos rojos y verdes en un acompañamiento versátil que realza cualquier plato principal. La técnica de asado directo sobre la llama o en el horno potencia los azúcares naturales de los pimientos, creando una textura sedosa y un sabor intenso que contrasta maravillosamente con carnes a la parrilla, pescados o incluso como base para ensaladas.
Originarios de la región mediterránea, los pimientos asados han sido parte de la gastronomía española durante siglos, especialmente en zonas como Murcia, Valencia y Andalucía. La tradición de asar pimientos al fuego directo proviene de las cocinas rurales, donde se aprovechaba el calor residual de las brasas para cocinar estos vegetales. Hoy en día, esta técnica se ha perfeccionado y adaptado a las cocinas modernas, manteniendo ese sabor característico que evoca memorias de veranos en el campo y comidas familiares al aire libre.
La textura de los pimientos asados es única: por fuera presentan una piel ligeramente carbonizada que se desprende fácilmente, mientras que la pulpa interior se vuelve tierna, jugosa y casi fundente. El contraste entre el exterior ahumado y el interior dulce crea una experiencia sensorial completa. Al morder, se percibe primero el sabor tostado seguido por la dulzura natural del pimiento, con notas terrosas que se desarrollan en el paladar.
Para la presentación, los pimientos asados se sirven tradicionalmente en tiras largas, rociados con aceite de oliva virgen extra y espolvoreados con sal marina gruesa. Se pueden acompañar con ajo picado finamente o con unas gotas de vinagre de Jerez para añadir acidez. La presentación más elegante consiste en disponer las tiras en forma de abanico sobre un plato blanco, decorando con hojas de perejil fresco y quizás unas aceitunas negras para crear contraste de color.
Esta guarnición es perfecta para equilibrar platos más pesados o ricos en grasas, ya que aporta frescura y ligereza. Los pimientos asados también funcionan excelentemente como base para otras preparaciones, como el famoso pisto manchego o como relleno para empanadas y tortillas. Su versatilidad los convierte en un imprescindible de cualquier cocina que valore los sabores auténticos y las técnicas tradicionales bien ejecutadas.
Un consejo importante es dejar que los pimientos reposen unos minutos después de asarlos y pelarlos, ya que esto permite que los jugos se redistribuyan y los sabores se integren completamente. También es recomendable utilizar pimientos de diferentes colores no solo por estética, sino porque cada variedad aporta matices de sabor distintos: los rojos son más dulces, los verdes más herbáceos y los amarillos más suaves y afrutados.
Añade 4-6 filetes de anchoa en aceite escurridos y desmenuzados sobre los pimientos antes de aliñar. El contraste salado realza la dulzura de los pimientos.
Desmigaja 100g de queso de cabra fresco sobre los pimientos calientes justo antes de servir. El calor residual fundirá ligeramente el queso.
Añade 1 cucharada de pimentón dulce y 1 diente de ajo entero asado y triturado al aliño para un sabor más intenso y tradicional.
Guardar los pimientos asados en un recipiente de vidrio con tapa hermética, cubiertos completamente con aceite de oliva. Consumir en un máximo de 4 días. No congelar, ya que la textura se vuelve acuosa al descongelar.