Un clásico español de camarones salteados en aceite de oliva con ajo y guindilla

Los pinchos de gambas al ajillo son un clásico de la gastronomía española que nunca pasa de moda. Originarios de las tabernas y bares de toda España, este plato representa la esencia de la cocina mediterránea: ingredientes frescos, preparación sencilla y sabores intensos. La combinación del ajo dorado en aceite de oliva con el sabor delicado de las gambas crea una experiencia sensorial que transporta directamente a las costas españolas.
El secreto de este plato está en la calidad de los ingredientes. Las gambas deben ser frescas y de buen tamaño, preferiblemente gambas blancas o langostinos. El aceite de oliva virgen extra es fundamental, ya que no solo sirve como medio de cocción sino que también se convierte en una salsa deliciosa que se puede mojar con pan. El ajo se corta en láminas finas para que se dore uniformemente sin quemarse.
La textura es otro aspecto crucial: las gambas deben quedar tiernas por dentro pero con un ligero crujiente en el exterior. El punto exacto de cocción se alcanza cuando las gambas cambian de color a un tono rosado intenso y se curvan ligeramente. Es importante no sobrecocinarlas para evitar que queden gomosas y pierdan su jugosidad natural.
Para la presentación, tradicionalmente se sirven en cazuelitas de barro individuales que mantienen el calor. Se acompañan con rebanadas de pan tostado o baguette para aprovechar el delicioso aceite de ajo que queda en el fondo. La guindilla aporta un toque picante que realza los sabores sin dominarlos.
Este plato es perfecto para compartir en reuniones sociales, ya que invita a la conversación y al disfrute colectivo. El aroma que desprende al llegar a la mesa es irresistible y crea una atmósfera festiva y acogedora. Es un aperitivo que nunca decepciona y que siempre deja a los comensales con ganas de más.
Para una experiencia completa, se recomienda servir los pinchos inmediatamente después de prepararlos, cuando el aceite aún está burbujeante y las gambas en su punto perfecto. El contraste entre el calor del plato y el frescor de una copa de vino blanco frío crea una combinación mágica que define la esencia de la buena mesa española.
Añade trozos pequeños de chorizo ibérico al sofrito de ajo para un sabor más contundente y español.
Coloca todos los ingredientes en una fuente de horno y hornea a 200°C durante 10-12 minutos para una versión más ligera.
Deglaza la sartén con 50 ml de vino blanco seco después de cocinar las gambas para crear una salsa más líquida.
Guarda las gambas cocinadas en un recipiente hermético en el refrigerador. Consume dentro de las 24 horas. Recalentar suavemente en sartén con un poco de aceite de oliva.
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios.