Una pizza esponjosa y crujiente con bordes dorados perfecta para compartir

La pizza al molde es una variante de la pizza tradicional italiana que se caracteriza por su masa más gruesa y esponjosa, con bordes altos y dorados que se hornean en un molde rectangular o redondo. Esta técnica de cocción permite que la masa se cocine de manera uniforme, creando una base crujiente por fuera y suave por dentro, perfecta para sostener abundantes ingredientes.
Originaria de las pizzerías de Nápoles, la pizza al molde ganó popularidad en todo el mundo por su versatilidad y capacidad para alimentar a grupos grandes. A diferencia de la pizza fina, esta versión tiene una textura más similar al pan, con una miga aireada y una corteza dorada que se deshace en la boca. El secreto está en la fermentación lenta de la masa, que desarrolla sabores complejos y una estructura perfecta.
Los sabores de esta pizza son equilibrados y satisfactorios, con la acidez del tomate, la cremosidad del queso mozzarella y el aroma del orégano fresco. La combinación de ingredientes puede variar según la temporada, pero siempre mantiene ese carácter reconfortante que hace de la pizza un plato universalmente amado. La textura juega un papel fundamental: crujiente en los bordes, suave en el centro y con ese punto justo de elasticidad que define una buena masa.
Para la presentación, se recomienda servir la pizza directamente en el molde caliente, cortada en porciones generosas. Decorar con hojas de albahaca fresca justo antes de servir realza los aromas y añade un toque de color. Acompañar con aceite de oliva virgen extra para mojar los bordes y una pizca de hojuelas de chile para quienes prefieran un toque picante.
Esta receta es perfecta para reuniones familiares, cenas informales con amigos o incluso como plato principal en ocasiones especiales. La versatilidad de la pizza al molde permite adaptarla a diferentes dietas y preferencias, manteniendo siempre su esencia reconfortante y deliciosa.
Un consejo importante es dejar reposar la masa el tiempo suficiente para que desarrolle todo su sabor y textura. La paciencia en la fermentación se traduce directamente en calidad final del producto, creando una pizza memorable que hará que todos pidan segunda porción.
Sustituir el jamón por berenjenas asadas, calabacín y pimientos de colores
Usar solo salsa de tomate, mozzarella y albahaca fresca
Añadir gorgonzola, parmesano y provolone además de la mozzarella
Guardar las porciones sobrantes en un recipiente hermético en la nevera. Calentar en el horno a 180°C durante 10 minutos para recuperar la textura crujiente.
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