Un clásico italiano reconfortante con salsa de carne jugosa sobre polenta suave

La polenta con ragú es un plato tradicional del norte de Italia que combina la suavidad de la polenta de maíz con la riqueza de un ragú de carne cocinado lentamente. Este plato tiene sus raíces en las regiones de Lombardía y Piamonte, donde el maíz se convirtió en un alimento básico después de su introducción desde América. Durante siglos, los campesinos italianos preparaban este plato reconfortante para alimentar a sus familias durante los fríos meses de invierno, utilizando ingredientes simples pero llenos de sabor.
La textura de la polenta es clave para este plato: debe ser cremosa pero con cuerpo, capaz de sostener el ragú sin deshacerse. La polenta bien preparada tiene una consistencia aterciopelada que se derrite en la boca, mientras que el ragú aporta notas profundas de tomate, hierbas aromáticas y la carne tierna que se deshace con el tenedor. El contraste entre la suavidad de la polenta y la sustancia del ragú crea una experiencia gastronómica equilibrada y satisfactoria.
El ragú para este plato se diferencia de otras salsas boloñesas por su cocción más prolongada y la adición de vino tinto, que aporta complejidad y profundidad. La carne se cocina a fuego lento durante horas, permitiendo que los sabores se integren completamente y que la carne se vuelva increíblemente tierna. Este proceso de cocción lenta es esencial para desarrollar los sabores característicos del ragú italiano auténtico.
Para la presentación, se recomienda servir la polenta en platos hondos individuales, haciendo un hueco en el centro para verter el ragú caliente. Se puede espolvorear con queso parmesano recién rallado y decorar con una ramita de romero fresco. La combinación visual del amarillo dorado de la polenta con el rojo intenso del ragú crea un contraste atractivo que anticipa la experiencia gustativa.
Este plato es perfecto para ocasiones familiares o cenas informales con amigos, ya que se puede preparar con anticipación y solo requiere calentar antes de servir. La polenta absorbe los sabores del ragú, por lo que cada bocado es una mezcla armoniosa de texturas y sabores. Es un plato que reconforta tanto el cuerpo como el alma, recordando las cocinas tradicionales italianas.
Para quienes buscan una experiencia auténtica, se recomienda usar polenta de maíz amarillo de grano medio y tomates san marzano para el ragú. La calidad de los ingredientes marca la diferencia en este plato aparentemente simple pero lleno de matices. Acompañar con un vino tinto italiano robusto completa perfectamente la experiencia gastronómica.
Sustituye el ragú de carne por un ragú de setas silvestres salteadas con ajo, tomillo y vino blanco.
Vierte la polenta en una bandeja para horno, cubre con el ragú y queso, y hornea hasta que esté dorado y burbujeante.
Usa caldo de verduras en lugar de caldo de carne, sustituye la mantequilla por aceite de oliva y omite el queso.
Guarda el ragú y la polenta por separado en recipientes herméticos en el refrigerador. La polenta se solidificará al enfriarse. Para recalentar, calienta el ragú en una sartén a fuego medio. Para la polenta, añade un poco de leche o agua y calienta a fuego bajo, batiendo constantemente hasta que recupere su textura cremosa.