Un guiso de cuchara donde el sellado del pollo marca la diferencia

Para evitar los fallos más comunes, fíjate en cómo sellas el pollo. La piel debe quedar bien dorada y crujiente antes de retirarlo. Si lo sacas antes de tiempo, la carne soltará agua en el guiso y no tendrá tanto sabor. Usa fuego medio-alto y no tengas prisa: 4-5 minutos por lado es una buena referencia.
Cuando añadas la harina sobre las verduras pochadas, remuévela bien durante un minuto para que se cocine y no quede un regusto a crudo. Luego, al echar el vino blanco, déjalo reducir casi por completo. Ese paso es clave para eliminar la acidez y quedarte solo con el aroma.
El momento de meter las judías verdes es decisivo. Si las pones desde el principio, se desharán. Añádelas pasados los 30 minutos de cocción del pollo, así mantendrán un punto firme. Si solo tienes tomillo seco, usa la mitad (una ramita y media) para que no amargue.
Si al final el caldo te queda muy claro, simplemente retira la tapa y deja que hierva suavemente unos minutos para que espese. Prueba siempre de sal al terminar, porque los caldos concentran. Este guiso gana hecho el día anterior, así que no dudes en prepararlo con antelación.
Añadir 2 patatas medianas peladas y cortadas en trozos junto con las zanahorias para un guiso más contundente.
Sustituir el vino blanco por 100 ml más de caldo de pollo y el jugo de medio limón.
Añadir 200 g de guisantes congelados junto con las judías verdes para más color y variedad de verduras.
Dejar enfriar completamente, guardar en un recipiente hermético y refrigerar. Calentar a fuego medio antes de servir.
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23 de febrero de 2026
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