Un guiso de pollo tierno con verduras al dente y caldo claro

Si quieres mejor textura, vigila el apio y no lo cuezas más de los 35-40 minutos que marca la receta. Si se pasa, pierde su punto crujiente y el sabor fresco que contrasta con el pollo.
El primer paso, dorar bien el pollo con la piel hacia abajo, es clave para que suelte grasa y sabor. No tengas prisa: déjalo esos 4-5 minutos por lado hasta que se forme una costra dorada. Ese color y los jugos caramelizados en el fondo de la olla son la base del caldo sabroso.
Para que el caldo quede claro y no grasiento, usa caldo bajo en sodio y ajusta la sal al final. Si quieres un plato aún más ligero, puedes retirar la piel del pollo antes de dorarlo, aunque aporta sabor.
El tomillo fresco tiene dos momentos: pon la mitad al principio, durante la cocción lenta, para que infusione. Las ramitas restantes añádelas al servir, así liberan su aroma sin volverse amargas. Retira la hoja de laurel y las ramitas usadas antes de probar.
Si el caldo te queda muy aguado, destapa la olla los últimos 10 minutos para que reduzca un poco. Si prefieres las zanahorias más tiernas, puedes añadirlas junto con la cebolla al sofrito.
Añade 150g de champiñones laminados junto con las zanahorias para un sabor más terroso y texturas variadas.
Asegúrate de usar caldo de pollo certificado sin gluten y sirve con quinoa en lugar de arroz si lo acompañas con cereales.
Deja enfriar completamente el guiso, luego transfiere a un recipiente hermético. Refrigera hasta por 3 días. Calienta a fuego medio en una olla, añadiendo un poco de agua o caldo si es necesario.
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23 de febrero de 2026
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