Clásico argentino de queso fresco y dulce de membrillo

El Postre Martín Fierro es un clásico de la repostería argentina que debe su nombre al célebre personaje literario creado por José Hernández. Esta sencilla pero deliciosa preparación combina dos ingredientes fundamentales de la gastronomía rioplatense: el queso fresco y el dulce de membrillo. Su origen se remonta a las tradiciones campestres argentinas, donde los productos lácteos y las conservas de frutas eran elementos básicos en las meriendas y postres.
La textura del postre es un contraste perfecto entre la suavidad cremosa del queso fresco y la consistencia firme pero tierna del dulce de membrillo. El sabor equilibra la acidez láctica del queso con la dulzura intensa y característica del membrillo, creando una armonía que deleita el paladar. Cada bocado ofrece una experiencia sensorial única donde los sabores se complementan sin competir entre sí.
Para su presentación tradicional, se sirve en capas alternadas o en porciones individuales donde el queso y el membrillo se muestran claramente diferenciados. La combinación de colores -el blanco níveo del queso y el ámbar dorado del membrillo- resulta visualmente atractiva y apetitosa. Es común decorar con algunas hojas de menta fresca o un toque de canela en polvo para realzar su aspecto.
Este postre es ideal para cualquier ocasión, desde una cena familiar hasta una celebración especial. Su preparación es tan sencilla que incluso los cocineros principiantes pueden lograrlo con excelentes resultados. La clave está en utilizar ingredientes de calidad: un buen queso fresco de textura cremosa y un dulce de membrillo artesanal con sabor auténtico.
En cuanto a las variaciones, algunos prefieren añadir una capa de dulce de batata para crear el 'Martín Fierro completo', mientras que otros incorporan nueces picadas entre las capas para aportar crujiente. Independientemente de la versión, este postre siempre mantiene su esencia simple y deliciosa que ha conquistado generaciones de argentinos.
Para el almacenamiento, se recomienda conservar en refrigeración y consumir dentro de las 24 horas para disfrutar de la textura óptima del queso. Si bien puede prepararse con antelación, es mejor armarlo justo antes de servir para evitar que los sabores se mezclen demasiado y se pierda la distinción entre las capas.
Incluir una capa de dulce de batata entre las capas de membrillo para mayor variedad de sabores
Incorporar nueces, almendras o pasas de uva picadas entre las capas para textura crujiente
Usar moldes pequeños o aros de emplatar para crear porciones controladas y elegantes
Conservar en recipiente hermético en la nevera. Consumir dentro de las 24 horas para mantener la textura óptima del queso. No congelar ya que el queso puede cambiar su textura al descongelar.