Un puré sedoso y dulce, clave para guarniciones elegantes

El secreto para que salga bien está en lavar los puerros a conciencia. La tierra entre sus capas arruina la textura. Usa solo la parte blanca y el verde claro, cortándolos en rodajas finas para que se cocinen de forma uniforme. La primera cocción a temperatura Varoma (unos 20 minutos) es clave: ablanda los puerros y el ajo sin dorarlos, conservando todo su dulzor natural.
Cuando añadas la nata y el caldo, baja la temperatura a 90°C para los siguientes 15 minutos. Esto evita que la nata se corte y permite que los sabores se integren sin hervir. Si el puré te queda demasiado espeso al triturar, añade un poco más de caldo. Si está líquido, cocina 5 minutos más a 90°C para que reduzca y espese.
El toque final es la nuez moscada recién rallada; añádela al gusto justo al final para que no amargue. Para una textura impecable de restaurante, pasa el puré por un colador fino o chino. Sírvelo caliente. Si necesitas prepararlo con antelación, guárdalo en la nevera y recaliéntalo a fuego muy suave, removiendo bien para que no se separe.
Añade 200g de patata pelada y cortada en cubos durante la cocción. Obtendrás un puré más consistente y saciante.
Incorpora 50g de queso parmesano rallado al final de la trituración para un sabor más intenso y cremoso.
Sustituye la nata por leche desnatada y reduce la mantequilla a la mitad. La textura será menos cremosa pero igualmente sabrosa.
Guarda el puré en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, calienta a fuego bajo en una cazuela añadiendo un poco de caldo o nata para recuperar la cremosidad. No congelar ya que la textura puede alterarse.
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23 de febrero de 2026
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