Un aperitivo cremoso y fundido con hierbas aromáticas

El queso provolone al horno es un clásico de la cocina italiana que ha conquistado paladares en todo el mundo. Originario del sur de Italia, este plato transforma un queso semiduro en una experiencia cremosa y fundida que se disfruta mejor caliente. La técnica de hornear el queso entero permite que se derrita por dentro mientras mantiene una corteza dorada y crujiente por fuera, creando un contraste de texturas irresistible.
El sabor del provolone al horno es intensamente lácteo con notas ligeramente picantes y ahumadas, dependiendo del tipo de provolone utilizado. Las hierbas aromáticas como el romero y el tomillo realzan su perfil de sabor, mientras que el ajo añade un toque picante que complementa perfectamente la cremosidad del queso. Al servirlo, el interior fundido se convierte en una salsa natural para acompañar pan o vegetales.
La presentación es clave para este plato. Se sirve directamente en la fuente de horno para mantener el calor, rodeado de rebanadas de pan artesanal tostado, bastones de zanahoria y apio fresco. El queso debe cortarse en la mesa para que los comensales puedan sumergir sus acompañantes en el interior fundido mientras aún está caliente. Una lluvia de pimienta negra recién molida y unas hojas de romero fresco completan la presentación.
Este aperitivo es perfecto para reuniones sociales ya que fomenta la interacción entre los comensales. La textura cambia a medida que se enfría, pasando de completamente fundido a una consistencia más firme pero aún cremosa. Es importante servirlo inmediatamente después de hornear para disfrutar de su máxima cremosidad.
Para una experiencia completa, se recomienda elegir un provolone de calidad, preferiblemente ahumado para mayor profundidad de sabor. Las variaciones regionales incluyen añadir aceitunas, tomates secos o incluso un chorrito de miel para contrarrestar la salinidad del queso. Un vino tinto ligero o una cerveza artesanal maridan perfectamente con este plato.
En cuanto a consejos prácticos, es fundamental no sobrehornear el queso para evitar que se seque. Controlar el tiempo y la temperatura garantiza un interior perfectamente fundido. Además, dejar que el queso repose unos minutos después de hornear permite que los sabores se integren mejor antes de servirlo.
Después de hornear, rociar con miel de flores y espolvorear con nueces picadas tostadas.
Añadir tomates cherry y aceitunas kalamata alrededor del queso antes de hornear.
Incorporar 1 cucharadita de copos de chile rojo a la mezcla de aceite y hierbas.
Guardar las sobras de queso en un recipiente hermético en el refrigerador. Recalentar en el horno a 180°C durante 5-10 minutos para recuperar la textura fundida.