Un clásico dulce mexicano con un toque especial

Las roscas de yema son un postre tradicional mexicano que se originó en los conventos durante la época colonial. Estas delicadas rosquillas tienen una textura suave y esponjosa, con un sabor dulce y ligeramente a huevo que las hace irresistibles. Su nombre proviene del uso generoso de yemas de huevo en la masa, lo que les da su característico color dorado y textura rica.
La preparación de las roscas de yema requiere paciencia y cuidado, ya que la masa debe fermentar adecuadamente para lograr la textura perfecta. El proceso de amasado es fundamental para desarrollar el gluten y obtener una masa elástica y manejable. La fermentación lenta permite que los sabores se desarrollen completamente, creando un aroma tentador que llenará tu cocina.
Una vez horneadas, las roscas adquieren un hermoso color dorado y una textura crujiente por fuera, pero suave y tierna por dentro. El contraste entre la corteza ligeramente crujiente y el interior esponjoso es lo que hace especiales a estas rosquillas. Tradicionalmente se espolvorean con azúcar glass o se bañan en un glaseado simple, aunque algunas versiones incluyen ralladura de naranja o limón para un toque cítrico.
Para la presentación, se recomienda servir las roscas de yema en una bandeja decorativa, apiladas de forma atractiva y espolvoreadas generosamente con azúcar glass. Pueden acompañarse con café de olla, chocolate caliente o un vaso de leche fría. Son perfectas para compartir en familia o para ofrecer a visitas, ya que su aspecto tradicional y sabor reconfortante siempre son bien recibidos.
La conservación de las roscas es sencilla: en un recipiente hermético a temperatura ambiente duran varios días manteniendo su textura. Si prefieres recalentarlas, unos segundos en el microondas las devolverán a su estado recién horneado. También puedes congelarlas para disfrutarlas más tarde, lo que las convierte en un postre práctico para tener siempre a mano.
Este postre no solo es delicioso, sino que también representa parte de la rica tradición repostera mexicana. Cada mordida transporta a las cocinas conventuales donde se perfeccionó esta receta a lo largo de siglos. Las roscas de yema son más que un simple postre: son un pedazo de historia gastronómica que puedes recrear en tu propia cocina.
Sustituye la esencia de vainilla por 1 cucharadita de anís en grano molido para un sabor tradicional.
Rellena las roscas con mermelada de fresa o dulce de leche antes de hornear.
Sustituye los huevos por 6 cucharadas de aquafaba y la mantequilla por margarina vegetal.
Guarda las roscas completamente frías en un recipiente hermético a temperatura ambiente. Para congelar, envuelve individualmente en plástico y coloca en una bolsa con cierre. Descongela a temperatura ambiente.
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