La auténtica salsa de pimientos asados de los Balcanes

La Salsa Ajvar es un tesoro culinario de la península balcánica, especialmente venerada en Serbia, Macedonia, Croacia y Bosnia. Su nombre proviene de la palabra turca 'havyar', que significa caviar, aunque nada tiene que ver con el pescado. Esta comparación habla del valor que se le da a esta salsa en la gastronomía local, considerándola un verdadero manjar. Tradicionalmente se prepara a finales del verano y principios del otoño, cuando los pimientos rojos están en su punto óptimo de maduración y dulzura.
El proceso de elaboración es casi ritualístico en muchas familias balcánicas. Los pimientos se asan lentamente hasta que su piel se carboniza y se desprende fácilmente, revelando una pulpa tierna y dulce. Este método de asado no solo concentra los azúcares naturales de los pimientos, sino que también les confiere ese característico sabor ahumado que distingue al ajvar auténtico de las versiones comerciales. La textura final puede variar desde una crema suave hasta un condimento más grueso, dependiendo de las preferencias regionales y familiares.
El sabor del ajvar es una sinfonía de matices: la dulzura natural de los pimientos asados se equilibra con el toque ácido del vinagre y el sutil picante del ajo. En algunas regiones se añade berenjena para darle más cuerpo, mientras que en otras se prefieren los pimientos exclusivamente. El aceite de girasol, omnipresente en la cocina balcánica, no solo ayuda en la conservación sino que también aporta una suavidad característica a la salsa.
En la mesa, el ajvar se presenta generalmente en cuencos de cerámica o vidrio, acompañado de pan fresco, preferiblemente el tradicional 'lepinya' o 'somun'. Su color rojo intenso, casi granate, contrasta maravillosamente con el blanco del queso feta o la cremosidad del kajmak (un producto lácteo similar al queso crema). La presentación más clásica incluye rodajas de cebolla cruda, rábanos y pepinos encurtidos, creando una paleta de colores y texturas que celebra la riqueza de la huerta balcánica.
Esta salsa versátil trasciende su función de acompañamiento. Los balcánicos la usan como base para estofados, como aderezo para carnes a la parrilla, o simplemente untada en pan como desayuno o merienda. Durante los largos inviernos, el ajvar conservado en tarros de vidrio se convierte en un recordatorio del verano, un destello de color y sabor en la monotonía invernal. Cada familia guarda celosamente su receta, transmitida de generación en generación, con pequeñas variaciones que la hacen única.
Para servir el ajvar en su máximo esplendor, se recomienda sacarlo del refrigerador al menos media hora antes de consumirlo, permitiendo que los sabores se desplieguen completamente a temperatura ambiente. Decorar con un hilo de aceite de oliva virgen extra y unas hojas de perejil fresco realza tanto su aspecto como su sabor. En una mesa de celebración, el ajvar nunca falta, simbolizando la generosidad de la tierra y la habilidad de las manos que lo prepararon.
Añade 2-3 chiles rojos asados y sin semillas durante la cocción. También puedes incorporar una pizca de chile en polvo para intensificar el picante.
Incorpora 500g de tomates asados y pelados a la mezcla. Esto le dará una acidez diferente y un color más anaranjado.
Usa pimientos asados en conserva para ahorrar tiempo. Escúrrelos bien y sigue el resto de la receta normalmente.
Conservar en refrigeración en tarros de vidrio esterilizados y herméticos. Cubrir la superficie con una fina capa de aceite para evitar la oxidación. Consumir preferentemente en 2 semanas.
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