La salsa de ajo y aceite, con truco para que no se corte

Si alguna vez te quedó regular, seguramente fue por añadir el aceite de oliva demasiado rápido al principio. La emulsión necesita ese primer hilo muy fino para coger cuerpo; si te lanzas, se corta. Mi consejo es empezar con una sola cucharada de aceite y batir bien antes de continuar.
Para un sabor más suave, no te saltes lo de retirar el germen del ajo antes de machacarlo. Y hazlo bien, con sal, hasta que sea una pasta. Si el ajo queda en trocitos, el sabor no se integrará igual. Si no tienes mortero, una prensa o picarlo muy fino con cuchillo también vale.
Usa todos los ingredientes a temperatura ambiente, excepto el agua, que debe estar fría. Esto ayuda a que la emulsión sea estable. Si al final la salsa te queda demasiado espesa, ahí es cuando añades esa cucharadita de agua fría y bates para aligerarla.
El reposo en la nevera (al menos 30 minutos) no es opcional. Los sabores se asientan, el ajo se matiza un poco y la textura se vuelve perfecta. Consérvala siempre refrigerada y consúmela en 2 o 3 días, por el huevo crudo.
Prepara solo con ajo, aceite y sal. Machaca el ajo con sal en mortero y añade el aceite gota a gota batiendo constantemente hasta emulsionar.
Añade perejil, cilantro o eneldo fresco picado al final de la preparación para un toque aromático.
Incorpora una guindilla pequeña sin semillas machacada con el ajo para un toque picante.
Conservar en un recipiente hermético en la nevera. Consumir dentro de los 3 días posteriores a su preparación debido al uso de huevo crudo. No congelar.
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23 de febrero de 2026
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