La salsa madre de la cocina francesa, versátil y cremosa

La salsa bechamel es una de las cinco salsas madre de la cocina francesa, creada por el chef Louis de Béchameil en el siglo XVII. Esta emulsión de mantequilla, harina y leche es la base de numerosos platos clásicos como lasañas, croquetas, gratinados y soufflés. Su nombre rinde homenaje a su creador, aunque algunas fuentes sugieren que ya existían preparaciones similares en la cocina italiana renacentista.
La textura de una bechamel perfecta debe ser sedosa, sin grumos y con una consistencia que se adapte al uso final. El sabor es suave y lácteo, con notas de nuez moscada que realzan su carácter. La clave está en cocinar bien el roux (la mezcla de mantequilla y harina) para eliminar el sabor a crudo de la harina, pero sin llegar a dorarlo para mantener su color blanco característico.
Esta salsa es increíblemente versátil: puede usarse espesa para croquetas, media para gratinar verduras o ligera para napar pescados. Su capacidad para fundirse con otros ingredientes la convierte en el pegamento culinario perfecto. Además, acepta numerosas variaciones añadiendo queso (convirtiéndola en salsa Mornay), hierbas finas o incluso un toque de vino blanco.
Para presentarla, sirve caliente directamente sobre los alimentos o como base para otras preparaciones. Si la vas a usar más tarde, cubre la superficie con film transparente pegado a la salsa para evitar que se forme una costra. Una bechamel bien hecha se mantiene brillante y homogénea, sin separarse ni cuajarse.
En la cocina moderna, la bechamel ha evolucionado con versiones sin gluten usando harinas alternativas, y versiones veganas sustituyendo la leche por bebidas vegetales. Sin embargo, la versión clásica sigue siendo insustituible por su textura y sabor únicos. Es una técnica fundamental que todo cocinero debe dominar.
Consejo profesional: la temperatura de la leche es crucial. Añadirla tibia o a temperatura ambiente al roux caliente evita la formación de grumos. Si aparecen, basta con batir enérgicamente o pasar por la batidora de inmersión. La paciencia al añadir la leche poco a poco es el secreto del éxito.
Añade 100g de queso rallado (gruyère, parmesano o mezcla) al final de la cocción. Remueve hasta que se funda completamente.
Incorpora 2 cucharadas de mostaza Dijon al final de la cocción para una versión picante ideal para carnes.
Añade 2 cucharadas de eneldo fresco picado al final, perfecta para pescados como el salmón.
Guardar en recipiente hermético con film transparente pegado a la superficie. Calentar a fuego bajo removiendo y añadiendo un poco de leche si es necesario para recuperar la textura.
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