La auténtica salsa de tomate italiana para pasta y platos mediterráneos

La salsa marinara es una de las salsas más emblemáticas de la cocina italiana, originaria de la región de Nápoles. Su nombre proviene de la palabra italiana 'marinaro', que significa marinero, aunque existen varias teorías sobre su origen. Algunos historiadores creen que fue creada por marineros napolitanos que necesitaban una salsa que se conservara bien durante sus largos viajes por mar. Esta salsa se caracteriza por su simplicidad y frescura, utilizando ingredientes básicos que realzan el sabor natural del tomate.
La salsa marinara ofrece un sabor equilibrado entre la acidez natural del tomate, la dulzura de la cebolla y el ajo, y el toque herbal del orégano y la albahaca. Su textura es suave pero con cierto cuerpo, ideal para adherirse perfectamente a la pasta sin resultar demasiado espesa. A diferencia de otras salsas de tomate italianas, la marinara se cocina por un tiempo relativamente corto, lo que preserva la frescura de los ingredientes y evita que se vuelva demasiado concentrada.
Para lograr la mejor salsa marinara es fundamental utilizar tomates de calidad, preferiblemente tomates perita o tomates frescos maduros en temporada. El secreto está en cocinar la salsa a fuego lento para que los sabores se integren armoniosamente sin perder las notas brillantes del tomate. La adición de vino blanco al inicio de la cocción ayuda a deglasar el fondo de la sartén y añade profundidad al sabor final.
En cuanto a presentación, la salsa marinara se sirve tradicionalmente sobre pasta larga como espaguetis o linguini, aunque también es excelente como base para pizzas, lasañas o para mojar pan. Para una presentación auténtica, se recomienda servir la pasta con la salsa recién hecha, espolvoreada con queso parmesano rallado y unas hojas frescas de albahaca. La salsa también puede acompañar albóndigas, berenjenas a la parmesana o usarse como dip para aperitivos.
Esta versión de la receta mantiene la tradición italiana mientras incorpora pequeños ajustes para realzar los sabores. La cocción controlada permite que el ajo se dore ligeramente sin quemarse, lo que añade un sabor tostado que complementa perfectamente la acidez del tomate. El aceite de oliva virgen extra no solo sirve para sofreír, sino que también se convierte en parte integral del sabor final.
La salsa marinara es versátil y se adapta a múltiples preparaciones. Puede prepararse en grandes cantidades y congelarse en porciones individuales para tener siempre a mano una salsa casera de calidad. Su simplicidad la convierte en la base perfecta para experimentar con diferentes hierbas y especias, aunque la versión clásica aquí presentada sigue siendo la favorita por su equilibrio y autenticidad.
Añade 200g de carne picada de ternera al sofrito de cebolla y ajo, cocinando hasta que se dore antes de agregar el vino.
Incorpora 1-2 guindillas secas enteras al sofrito de ajo para un toque picante que puede retirarse antes de servir.
Añade 1 zanahoria y 1 rama de apio picados finamente al sofrito de cebolla para más sabor y nutrientes.
Dejar enfriar completamente la salsa, transferir a un recipiente hermético y refrigerar. Para congelar, colocar en recipientes individuales dejando espacio para expansión, y consumir dentro de 3 meses.