Una salsa mexicana ancestral con chiles, especias y chocolate

El mole rojo es una de las salsas más emblemáticas de la gastronomía mexicana, con orígenes que se remontan a las culturas prehispánicas. Su nombre proviene del náhuatl 'molli', que significa salsa o guiso, y representa la fusión perfecta entre ingredientes indígenas como el chile y el cacao, con especias traídas por los españoles durante la colonización. Esta versión roja es típica de regiones como Puebla y Oaxaca, donde se prepara para celebraciones importantes como bodas y fiestas patronales.
El sabor del mole rojo es una compleja sinfonía de sabores que combina lo picante de los chiles con la dulzura del chocolate, la acidez del tomate y la profundidad de las especias tostadas. En boca, se percibe primero el picor suave que da paso a notas ahumadas, luego el dulzor del chocolate y finalmente un regusto especiado que perdura. La textura es sedosa y aterciopelada, con un espesor perfecto para cubrir carnes o vegetales sin ser demasiado pesada.
La preparación tradicional requiere paciencia y atención a los detalles, especialmente en el tostado de los ingredientes, que debe hacerse con cuidado para no quemarlos. Cada paso del proceso, desde desvenar los chiles hasta moler las especias, contribuye a la profundidad final del sabor. La cocción lenta permite que todos los sabores se integren armoniosamente, creando una salsa que mejora con el tiempo.
Para la presentación, el mole rojo se sirve tradicionalmente sobre pollo o pavo, acompañado de arroz blanco y tortillas de maíz hechas a mano. La salsa debe tener un color rojo oscuro intenso, casi marrón rojizo, con un brillo característico. Se puede decorar con ajonjolí tostado y rodajas de cebolla morada para contrastar con el color profundo de la salsa.
El mole es más que una salsa; es un símbolo de la identidad mexicana y de la riqueza cultural del país. Cada familia guarda su receta secreta, transmitida de generación en generación, con variaciones en los tipos de chiles o las proporciones de especias. Esta versión busca capturar la esencia de la tradición mientras se mantiene accesible para cocineros caseros.
Un buen mole rojo debe equilibrar perfectamente los cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami. El chocolate aporta dulzor y cuerpo, los chiles proporcionan picor y color, las especias añaden complejidad, y la tortilla frita da espesor y sabor tostado. La clave está en probar y ajustar durante la cocción, añadiendo más caldo si es necesario o más chocolate para equilibrar el picor.
Sustituye el caldo de pollo por caldo de verduras y el chocolate de mesa por chocolate amargo sin leche.
Añade 1 plátano macho asado y 50g de pasas a la licuadora para un toque más dulce y frutal.
Usa chiles en polvo en lugar de chiles enteros y especias molidas en lugar de enteras para reducir el tiempo de preparación.
Guarda en un recipiente hermético en el refrigerador. También se puede congelar por hasta 3 meses. Para recalentar, hazlo a fuego bajo añadiendo un poco de caldo si es necesario.
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