Base auténtica para preparar el clásico mole poblano

El mole es uno de los platillos más emblemáticos de la gastronomía mexicana, con una historia que se remonta a la época prehispánica y que fue enriquecida durante la colonia. Esta salsa representa la fusión perfecta entre ingredientes indígenas como el chile y el chocolate, con especias traídas de Europa. Su nombre proviene del náhuatl 'molli', que significa salsa o guiso, y cada región de México tiene su propia versión, siendo el mole poblano uno de los más reconocidos a nivel internacional.
La textura de esta salsa es sedosa y aterciopelada, con una consistencia que se adhiere perfectamente a las carnes y vegetales. Su sabor es complejo y equilibrado, donde se perciben notas ligeramente picantes de los chiles, la dulzura del chocolate, la acidez del tomate y la profundidad de las especias tostadas. Ningún ingrediente domina sobre otro, creando una armonía que deleita el paladar con cada cucharada.
Para preparar esta salsa base es fundamental tostar cuidadosamente cada ingrediente por separado, ya que este proceso libera los aceites esenciales y desarrolla los sabores característicos. La paciencia durante la cocción lenta permite que todos los componentes se integren completamente, logrando esa textura homogénea que distingue a un buen mole. El chocolate se añade al final para evitar que se queme y amargue la preparación.
La presentación tradicional del mole es sobre pollo o guajolote, acompañado de arroz rojo y tortillas de maíz hechas a mano. Para servir, se puede decorar con ajonjolí tostado y rodajas de cebolla morada. Esta salsa también funciona maravillosamente con enchiladas, tamales o incluso como base para sopas y guisos más elaborados.
Conservar correctamente el mole es esencial para mantener sus cualidades. Se puede refrigerar hasta por una semana o congelar por varios meses sin perder su sabor característico. Al recalentar, es recomendable hacerlo a fuego lento y agregar un poco de caldo si la salsa ha espesado demasiado durante el almacenamiento.
Esta receta es versátil y permite adaptaciones según los gustos personales. Se puede ajustar el nivel de picante variando la cantidad y tipo de chiles, o modificar la dulzura con más o menos chocolate. Cada familia mexicana guarda su propia versión secreta, transmitida de generación en generación, haciendo de cada mole una experiencia única.
Sustituye los chiles secos por chiles poblanos y serranos frescos, y añade pepita de calabaza y hojas de cilantro
Dobla la cantidad de almendras y omite los cacahuates para una versión más delicada y con textura cremosa
Utiliza chocolate amargo sin leche y sustituye el caldo de verduras por caldo de champiñones para mayor profundidad
Dejar enfriar completamente, transferir a recipientes herméticos y refrigerar. Para congelar, dividir en porciones y almacenar hasta 3 meses.
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