Una cremosa y aromática salsa de ajo y patata

La Salsa Skordalia es una de las salsas más emblemáticas de la cocina griega, con raíces que se remontan a la antigua Grecia. Su nombre proviene de la palabra griega 'skordo', que significa ajo, y esta salsa es precisamente un homenaje a este ingrediente tan característico de la dieta mediterránea. Tradicionalmente se preparaba con pan remojado, pero la versión moderna utiliza patata cocida como base, lo que le da una textura más cremosa y estable.
Esta salsa destaca por su intenso sabor a ajo, equilibrado perfectamente por la suavidad de la patata y la acidez del limón. La textura es espesa y cremosa, similar a un puré suave pero con un carácter más robusto. El aceite de oliva virgen extra no solo aporta su sabor frutado, sino que también ayuda a emulsionar la salsa, creando una consistencia sedosa que se adhiere perfectamente a cualquier alimento.
La Skordalia es increíblemente versátil en la cocina griega. Se sirve tradicionalmente con pescado frito, especialmente bacalao, pero también acompaña maravillosamente verduras asadas como berenjenas y calabacines. En algunas regiones de Grecia se utiliza como dip para crudités o pan pita, e incluso como salsa para patatas fritas. Su intensidad aromática la convierte en el complemento perfecto para platos que necesitan un toque de personalidad.
Para la presentación, se recomienda servirla en un cuenco de cerámica blanca, típico de la vajilla griega, decorada con un hilo de aceite de oliva virgen extra y unas hojas de perejil fresco. La temperatura ideal es a temperatura ambiente, ya que el frío puede endurecer la textura. Si se prepara con antelación, es importante cubrirla con film transparente en contacto para evitar que se forme una costra en la superficie.
Un consejo importante para lograr la Skordalia perfecta es majar el ajo con sal en un mortero antes de añadir los demás ingredientes. Este proceso, conocido como 'majado', ayuda a liberar los aceites esenciales del ajo y crea una pasta más aromática y homogénea. La paciencia al añadir el aceite de oliva en hilo fino mientras se bate es clave para lograr la emulsión perfecta.
Esta salsa no solo es deliciosa, sino que también tiene propiedades beneficiosas gracias al ajo y al aceite de oliva. Se conserva bien en refrigeración durante 2-3 días, aunque es posible que el sabor a ajo se intensifique con el tiempo. Para servir, siempre es mejor sacarla del refrigerador al menos 30 minutos antes para que recupere su textura cremosa característica.
Añade 50g de almendras tostadas y molidas al mortero junto con el ajo para una textura más granulada y un sabor a nuez.
Sustituye las patatas por 200g de miga de pan blanco remojada en agua y escurrida. Sigue el mismo proceso para una versión más tradicional.
Añade 1 chile rojo picado al mortero junto con el ajo para un toque picante que contrasta con la cremosidad.
Guardar en un recipiente hermético con film transparente en contacto con la superficie de la salsa para evitar que se seque. Sacar del refrigerador 30 minutos antes de servir.
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