La clave está en el hilo de aceite y batir sin parar

Si es la primera vez que la haces, ojo con añadir el aceite de oliva de golpe. Si lo haces, la salsa se cortará. El truco es verterlo en un hilo muy fino mientras bates sin parar con un batidor de varillas.
Empieza siempre por mezclar bien los ingredientes húmedos: el vinagre, la mostaza Dijon (que es el emulsionante), la miel y el ajo. Sazona aquí, porque luego con el aceite es más difícil corregir. Pruébala: debe saber potente, incluso un poco agria. Ese es el punto de partida correcto.
Si al final te queda demasiado ácida, puedes suavizarla añadiendo un poco más de miel o de aceite, pero siempre batiendo enérgicamente para no romper la emulsión. Las hierbas o la ralladura de limón se añaden al final, solo para integrar.
Se conserva bien en la nevera varios días, pero el frío solidifica el aceite. Sácala 15 minutos antes de usar y agita bien el tarro. Si se ha separado, un batido rápido la recupera.
Añade 2 cucharadas de una mezcla de hierbas frescas picadas (perifollo, estragón, perejil) para un toque aromático y fresco.
Sustituye la mostaza Dijon por mostaza picante o añade 1/2 cucharadita de pimentón picante para darle un toque más intenso.
Reemplaza la mitad del vinagre por jugo de limón fresco y añade ralladura de limón para un sabor cítrico brillante.
Almacenar en un recipiente hermético en el refrigerador. Agitar bien antes de usar. No congelar.
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23 de febrero de 2026
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