Setas doradas y jugosas con el toque fresco de la albahaca

Si es la primera vez que la haces, ojo con la cantidad de setas en la sartén. El error más común es amontonarlas, lo que las hace sudar y hervir en lugar de dorarse. Para que queden con esa textura carnosa por dentro y crujiente por fuera, necesitan espacio. Usa una sartén grande o hazlo en dos tandas.
Calienta bien el aceite a fuego medio-alto antes de echarlas. La primera tanda debe ir en una sola capa. Aquí viene un truco clave: déjalas sin mover durante 4-5 minutos. Así se sellan y toman color por un lado. Luego las das la vuelta y las terminas. Si las remueves constantemente, solo se cocerán al vapor.
Para limpiarlas, no las laves bajo el grifo. Usa un paño húmedo o un cepillo suave. Si están muy sucias, pásalas rápidamente por agua y sécalas muy bien con papel de cocina. La humedad es el enemigo del salteado perfecto.
Sirve las setas inmediatamente, calientes. Si las dejas en la sartén, seguirán cociéndose con el calor residual y perderán textura. Un chorrito final de aceite de oliva virgen extra en el plato las realza. Si no tienes limón fresco, puedes omitirlo, pero aporta una acidez que corta la untuosidad de la mantequilla.
Omite la albahaca y duplica la cantidad de ajo y perejil para una versión más clásica.
Añade una pizca de copos de chile o guindilla seca al saltear el ajo para un toque picante.
Incorpora 2 cucharadas de nata líquida o crema de leche al final de la cocción para una textura más suave.
Guarda las setas salteadas en un recipiente hermético en el refrigerador. Para recalentar, calienta suavemente en una sartén a fuego medio con un chorrito de aceite.
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23 de febrero de 2026
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