El truco está en el momento de añadir las almejas

Si quieres que te salga a la primera, empieza por limpiar bien las almejas. Déjalas en agua con sal 30 minutos, enjuaga y frota las conchas. Si alguna está abierta y no se cierra al golpearla, tírala. Este paso es clave para que la sopa no tenga arena.
Para la base, el sofrito de cebolla, ajo y pimiento debe quedar bien pochado y tierno, sin dorarse. Cuando añadas el pimentón, mézclalo rápido y vierte el vino blanco al instante para que no se queme y amargue. Deja que reduzca a la mitad.
Añade el caldo de pescado y deja hervir suavemente 15 minutos. Prueba y ajusta de sal y pimienta ahora, antes de echar las almejas, porque luego ya no podrás rectificar fácilmente.
El punto más delicado es no sobrecocer las almejas. Añádelas al final, con el caldo ya hecho, y cocínalas a fuego medio-alto con la olla tapada solo 5-7 minutos, o hasta que se abran. Retira inmediatamente del fuego y desecha las que queden cerradas. Si las dejas más, se pondrán gomosas.
Sirve al momento en cuencos calientes. El pan tostado es ideal para mojar, y un chorrito de limón al servir realza los sabores. Si te sobra, guárdala sin el pan y recalienta a fuego muy suave para no seguir cociendo las almejas.
Añade 200 ml de nata líquida al final de la cocción para una versión más cremosa.
Incorpora otros mariscos como gambas, mejillones y trozos de pescado blanco.
Añade una guindilla seca o una cucharadita de pimentón picante al sofrito.
Guarda la sopa en un recipiente hermético en el refrigerador. Calienta a fuego lento antes de servir, añadiendo un poco de agua si es necesario. No congelar, ya que las almejas se endurecen.
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23 de febrero de 2026
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