Una sopa reconfortante y nutritiva perfecta para días fríos

Esta sopa de pasta con judías verdes es un clásico de la cocina mediterránea que combina la textura al dente de la pasta con la frescura crujiente de las judías verdes, todo ello en un caldo vegetal aromático y reconfortante. Es una receta que ha pasado de generación en generación en muchas familias españolas, especialmente apreciada durante los meses de invierno cuando se busca un plato caliente y nutritivo.
El sabor de esta sopa es delicado pero profundamente satisfactorio, con notas dulces de la cebolla y la zanahoria que se equilibran perfectamente con el toque terroso de las judías verdes. El caldo vegetal aporta una base rica en umami, mientras que la pasta pequeña como los fideos o las letras añade cuerpo y hace que cada cucharada sea reconfortante. La combinación de texturas es particularmente agradable: la suavidad de la pasta cocida, el crujido ligero de las judías verdes y la consistencia sedosa del caldo.
Esta sopa es ideal para toda la familia, desde los más pequeños hasta los mayores, ya que es fácil de digerir y muy nutritiva. Las judías verdes aportan fibra, vitaminas y minerales esenciales, mientras que las verduras del sofrito proporcionan antioxidantes. Es un plato completo que puede servirse como primer plato o incluso como comida ligera cuando se desea algo reconfortante pero no demasiado pesado.
Para la presentación, se recomienda servir la sopa bien caliente en cuencos hondos, preferiblemente de cerámica que mantenga la temperatura. Se puede decorar con un poco de perejil fresco picado o unas hojas de albahaca para añadir color y frescura. Si se desea, se puede espolvorear un poco de queso parmesano rallado por encima, aunque esto es opcional y dependerá de las preferencias personales.
Un consejo importante es no cocinar demasiado las judías verdes para que mantengan su color verde vibrante y su textura crujiente. Lo ideal es añadirlas hacia el final de la cocción, justo unos minutos antes de que la pasta esté completamente lista. De esta manera, se conservan todos sus nutrientes y su sabor fresco característico.
Esta receta es muy versátil y permite múltiples variaciones según los ingredientes que se tengan a mano. Se pueden añadir otras verduras como guisantes, espinacas o calabacín, o incluso sustituir la pasta por arroz o cuscús. Es una sopa que sabe aún mejor al día siguiente, ya que los sabores tienen tiempo de fusionarse completamente, por lo que es perfecta para preparar en cantidad y disfrutar durante varios días.
Añade 200g de pechuga de pollo cortada en cubos pequeños al sofrito para una versión con proteína animal.
Tritura una parte de la sopa con una batidora de mano y mézclala con el resto para obtener una textura más cremosa.
Añade una pizca de guindilla en polvo o unas gotas de salsa picante al sofrito para darle un toque picante.
Dejar enfriar completamente, guardar en un recipiente hermético y refrigerar. Recalentar a fuego medio antes de servir.
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