Una sopa sencilla donde el ajo es la estrella

Si vas con poco margen de error, céntrate en sofreír el ajo a fuego medio-bajo. Es el paso más delicado: si se quema, amarga toda la sopa. Lo que buscas es que esté fragante y apenas dorado, nunca tostado o marrón.
Para eso, calienta el aceite y añade el ajo laminado. Déjalo solo 2-3 minutos, removiendo. Luego incorporas la cebolla y la pochas otros 5 minutos hasta que esté transparente. Este sofrito lento es la base de sabor.
Cuando añadas el caldo y hierva, baja el fuego y deja que cueza unos 10 minutos antes de poner la pasta. Este tiempo extra ayuda a que los sabores del ajo y la cebolla se integren bien en el líquido.
Echa la pasta y cocínala el tiempo que indique el paquete, pero remueve de vez en cuando para que no se pegue. Prueba la sal al final, porque el caldo ya la lleva. Si usas un caldo casero sin sal, tendrás que ajustar más.
Sirve al momento, con el perejil fresco y el parmesano recién rallados. Un último chorrito de aceite en crudo potencia el aroma. Si sobra, la pasta seguirá absorbiendo caldo, así que al recalentar añade un poco de agua o caldo para que no quede seca.
Añade hierbas frescas como tomillo, romero o albahaca durante la cocción para un toque aromático diferente.
Incorpora garbanzos cocidos o trozos de pollo cocido durante los últimos 5 minutos de cocción.
Añade una pizca de guindilla seca o copos de chile al sofrito para darle un toque picante.
Deja enfriar completamente la sopa antes de transferirla a un recipiente hermético. Refrigera hasta por 3 días. Recalentar a fuego medio, añadiendo un poco de agua o caldo si es necesario.
Tus apuntes privados
Guarda tus notas privadas
Anota tus trucos, cambios y variaciones personales. Solo tú podrás verlos.
Tu cuenta no tiene coste. Los primeros 7 días te regalamos el Plan Plus completo. Después sigues gratis, sin pagar nada.
23 de febrero de 2026
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!
Solo los usuarios registrados pueden escribir comentarios.