Un clásico marroquí dulce y salado con especias aromáticas

El tajine de cordero con ciruelas es uno de los platos más emblemáticos de la cocina marroquí, una deliciosa combinación de sabores dulces y salados que transporta directamente a los zocos de Marrakech. Este guiso tradicional se cocina lentamente en una cazuela de barro con tapa cónica que permite que los jugos se condensen y vuelvan a caer sobre la carne, creando una salsa espesa y aromática. La combinación de carne tierna de cordero con la dulzura natural de las ciruelas y el toque picante del jengibre crea una experiencia gastronómica única.
La magia de este plato reside en el equilibrio perfecto entre los ingredientes: la carne de cordero aporta su sabor intenso y carnoso, mientras que las ciruelas secas añaden un contraste dulce y ligeramente ácido que complementa a la perfección. Las especias como la canela, el comino y el azafrán crean un fondo aromático complejo que perfuma toda la preparación. La cebolla caramelizada y las almendras tostadas añaden textura y profundidad al conjunto.
La textura del cordero debe ser tan tierna que se deshaga con solo tocarlo con el tenedor, mientras que las ciruelas deben mantener cierta consistencia sin desintegrarse por completo. La salsa resultante es espesa, brillante y ligeramente almibarada, con un color dorado intenso gracias al azafrán. Cada bocado es una explosión de sabores que se complementan armoniosamente.
Para la presentación tradicional, se sirve directamente en el tajine de barro, decorado con las almendras tostadas y un poco de cilantro fresco picado. El contraste visual entre el dorado de la salsa, el marrón de la carne y el negro violáceo de las ciruelas es realmente atractivo. Se acompaña típicamente con cuscús esponjoso o pan árabe para mojar en la deliciosa salsa.
Este plato es ideal para ocasiones especiales y reuniones familiares, ya que su elaboración requiere tiempo y paciencia, pero el resultado vale cada minuto de espera. El aroma que invade la cocina durante la cocción es simplemente irresistible y anticipa el festín que está por venir. Es un plato que habla de tradición, hospitalidad y el arte de cocinar con amor.
Un consejo importante es utilizar un tajine de barro auténtico si es posible, ya que distribuye el calor de manera uniforme y aporta un sabor característico. Si no se dispone de uno, una cazuela pesada con tapa hermética puede funcionar bien. La clave está en la cocción lenta y a fuego bajo para que todos los sabores se integren perfectamente.
Sustituir el cordero por muslos de pollo y reducir el tiempo de cocción a 45 minutos.
Usar garbanzos cocidos y calabaza en lugar de cordero, y caldo de verduras en lugar de caldo de carne.
Acompañar con cuscús integral en lugar del tradicional para un aporte extra de fibra.
Dejar enfriar completamente, guardar en un recipiente hermético y refrigerar. Calentar a fuego lento en una cazuela, añadiendo un poco de agua si es necesario.
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