Una versión elegante de la clásica tartiflette francesa con un toque parisino y aroma a ajo

La tartiflette es un plato tradicional de la región de Saboya en los Alpes franceses, conocido por su cremosidad reconfortante y su intenso sabor a queso. Esta versión parisina añade un toque de sofisticación urbana al clásico de montaña, incorporando ajo asado que aporta una dulzura caramelizada y un aroma irresistible. El resultado es un plato que combina la rusticidad alpina con la elegancia parisina, perfecto para una cena especial en la ciudad.
La textura de esta tartiflette es una deliciosa combinación de patatas tiernas, cebolla caramelizada, panceta crujiente y el queso Reblochon fundido que crea una capa dorada y burbujeante. El ajo asado se integra suavemente, aportando notas dulces y terrosas que complementan perfectamente la riqueza del queso. Cada bocado es una experiencia cremosa y reconfortante, con capas de sabor que se despliegan en el paladar.
Para preparar este plato, es fundamental elegir un buen Reblochon, el queso tradicional de la tartiflette, que debe estar en su punto óptimo de maduración. Las patatas deben ser variedades que mantengan su forma al cocer, como la Monalisa o la Kennebec. El ajo se asa previamente para suavizar su sabor y potenciar su dulzura natural, eliminando cualquier amargor.
La presentación es clave en esta versión parisina. Se sirve directamente en la fuente de horno donde se ha gratinado, mostrando la capa dorada y burbujeante de queso. Acompañar con una ensalada verde fresca con vinagreta de mostaza para contrastar con la riqueza del plato. Para un toque verdaderamente parisino, decorar con unas ramitas de tomillo fresco y servir en platos individuales de porcelana blanca.
Este plato es ideal para reuniones familiares o cenas con amigos durante los meses fríos, aunque su elegancia lo hace apropiado para cualquier ocasión especial. La combinación de ingredientes simples pero de alta calidad transforma este plato de montaña en una experiencia gastronómica refinada que sorprenderá a tus invitados.
Un consejo importante es dejar reposar la tartiflette unos minutos después de sacarla del horno, para que los sabores se integren mejor y sea más fácil servirla. El vino blanco de la región, como un Apremont o un Roussette de Savoie, marida perfectamente con este plato, cortando la grasa del queso y realzando los sabores.
Sustituye la panceta por champiñones salteados o tofu ahumado. Añade nueces tostadas para dar textura.
Para una versión de lujo, añade unas láminas de trufa negra entre las capas o un poco de aceite de trufa al final.
Usa nata ligera o yogur griego en lugar de nata entera, y reduce la cantidad de queso a la mitad.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Calentar en el horno a 160°C durante 15-20 minutos para recuperar la textura cremosa.
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