Un clásico alpino francés con queso Reblochon derretido

La Tartiflette es un plato emblemático de la región de Saboya en los Alpes franceses, nacido en la década de 1980 como una forma de promover el consumo del queso Reblochon. Este plato reconfortante combina la suavidad de las patatas con la intensidad del queso fundido y el sabor ahumado de la panceta, creando una experiencia culinaria que evoca las montañas nevadas y los refugios alpinos.
El secreto de una buena Tartiflette reside en la calidad del Reblochon, un queso de leche cruda de vaca con Denominación de Origen Protegida. Su corteza lavada en salmuera aporta un sabor característico, mientras que su interior cremoso se derrite de manera exquisita al horno. Las patatas deben cocerse al dente para mantener su textura bajo la capa de queso.
En cuanto al sabor, la Tartiflette ofrece una combinación única: la grasa del queso se equilibra con la acidez del vino blanco, la panceta aporta un toque salado y ahumado, y las cebollas caramelizadas añaden dulzura natural. Es un plato intenso pero armonioso, donde cada ingrediente juega un papel fundamental.
La presentación tradicional se hace en una fuente de barro o refractaria, directamente del horno a la mesa. El queso debe estar dorado y burbujeante, con la corteza visible en la superficie. Se sirve caliente, acompañado de ensalada verde para cortar la riqueza del plato.
Para una experiencia auténtica, es fundamental usar Reblochon original. Si no se encuentra, se puede sustituir por otros quesos de montaña como Tomme o Raclette, aunque el resultado será diferente. La Tartiflette mejora si se deja reposar unos minutos después del horno, permitiendo que los sabores se integren.
Este plato es perfecto para reuniones familiares en invierno, después de un día de esquí o simplemente para disfrutar de una cena reconfortante. Se recomienda acompañar con un vino blanco de Saboya, como un Apremont o un Roussette, que complementan perfectamente la riqueza del queso.
Sustituye la panceta por champiñones portobello salteados y añade nueces tostadas para dar textura.
Añade tomillo fresco y romero picado a la mezcla de cebolla para dar un toque aromático.
Usa nata ligera y reduce la cantidad de queso a la mitad, complementando con más verduras como calabacín.
Dejar enfriar completamente, cubrir con film transparente y refrigerar. Recalentar en horno a 160°C durante 15-20 minutos.
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