Una infusión relajante con el punto justo de aroma

El truco que más ayuda en esta receta es controlar la temperatura del agua. Si hierve, la lavanda libera amargor. Retírala del fuego al ver las primeras burbujitas pequeñas en el fondo, sobre 90°C.
Usa siempre lavanda de calidad alimentaria, seca y preferiblemente orgánica. La cantidad (2 cucharaditas por medio litro) es una buena base, pero si te gusta más suave, empieza con una y media. El tiempo de reposo es clave: 5 minutos para un sabor ligero, 7 minutos si lo quieres más intenso. Pasarte puede resultar en un té demasiado fuerte y ligeramente astringente.
Tapa la tetera o taza mientras infusiona. Así evitas que se escapen los aceites esenciales que dan todo el aroma. Para endulzar, mi consejo es probarlo primero solo; la lavanda tiene una dulzura natural. Si le añades algo, la miel de lavanda potencia el sabor floral, mientras que una rodaja fina de limón le da un contraste fresco que corta cualquier posible regusto herbáceo.
Añade una rodaja de limón y una cucharadita de miel a cada taza para crear una versión clásica con toque cítrico y dulce natural.
Mezcla el té colado con leche de almendras caliente y espuma de leche vegetal para crear una bebida cremosa y reconfortante.
Prepara una infusión concentrada, deja enfriar y sirve sobre hielo con una ramita de menta fresca para los días calurosos.
Guarda el té colado en un recipiente hermético de vidrio en el refrigerador. Consumir dentro de 3 días. No congelar, ya que puede alterar el sabor y propiedades de la lavanda.
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23 de febrero de 2026
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