La proporción y el frío son la clave para un buen resultado

Antes de ponerte con todo, mira esto: el error más común es usar ingredientes a temperatura ambiente. Enfría el vino y el refresco en la nevera al menos 2 horas antes. Así la bebida estará fría de verdad al servir y el hielo se derretirá menos, evitando que se agüe.
La proporción clásica es mitad y mitad, pero si tu vino es muy intenso o te gusta más suave, puedes ajustar. Usa un vino tinto joven y afrutado, que se lleva mejor con el refresco. Mezcla siempre en una jarra y hazlo justo antes de servir, removiendo con suavidad para no perder las burbujas.
Para servir, pon primero el hielo en el vaso (unos 4 cubitos por vaso) y luego vierte la mezcla. Así se enfría al instante sin diluirse demasiado. La rodaja de limón no es solo decoración; al apretarla un poco contra el borde del vaso, suelta aceites esenciales que aromatizan cada sorbo.
Si lo preparas para varias personas, ten la jarra con la mezcla y el hielo por separado. Sirve el hielo en cada vaso y añade la bebida al momento. Así controlas que todos lo tomen con la efervescencia justa.
Añade frutas frescas como naranja, limón, melocotón o fresas cortadas en trozos a la jarra antes de mezclar. Déjalas macerar 15 minutos para que suelten su jugo.
Añade 50 ml de ginebra por cada 500 ml de vino tinto para una versión más alcohólica y aromática.
Sustituye el vino tinto por vino blanco seco y usa refresco de limón para una versión más ligera y veraniega.
Si sobra tinto de verano, guárdalo en la nevera en una jarra tapada. Consumir en las siguientes 2 horas ya que perderá las burbujas y el sabor fresco.
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23 de febrero de 2026
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