El icono de la cocina española, perfectamente dorada y jugosa

La tortilla de patatas es sin duda uno de los platos más emblemáticos de la gastronomía española. Su origen se remonta al siglo XIX, aunque existen varias teorías sobre su creación. Algunos historiadores sitúan su nacimiento en la región de Navarra, mientras que otros la atribuyen a campesinos extremeños. Lo que sí es seguro es que se convirtió en un alimento básico durante épocas de escasez, gracias a sus ingredientes sencillos y nutritivos.
La textura perfecta de una tortilla de patatas clásica es un equilibrio delicado entre lo jugoso y lo cuajado. El interior debe quedar cremoso, con las patatas tiernas pero no deshechas, mientras que el exterior presenta un hermoso color dorado uniforme. El secreto está en el punto de cocción de los huevos, que deben estar cuajados pero sin llegar a secarse, manteniendo esa textura sedosa que caracteriza a una buena tortilla.
En cuanto al sabor, la combinación de patatas confitadas en aceite de oliva con huevos batidos crea una armonía única. La cebolla, aunque objeto de debate entre puristas, añade un toque de dulzura natural que complementa perfectamente la neutralidad de las patatas. El aceite de oliva virgen extra no solo sirve para freír, sino que impregna todos los ingredientes con su aroma característico.
Para la presentación, lo ideal es servir la tortilla en cuñas generosas, mostrando su interior jugoso. Puede acompañarse con una ensalada verde simple o unas rodajas de tomate fresco. En verano, es perfecta para picnics y comidas al aire libre, mientras que en invierno resulta reconfortante y nutritiva. La tortilla también es excelente para llevar al trabajo o como merienda para los niños.
Un consejo fundamental es dejar reposar la tortilla unos minutos después de cocinarla. Este tiempo permite que los sabores se integren mejor y que la textura se asiente, facilitando el corte. Además, una tortilla reposada se desmolda con mayor facilidad y mantiene mejor su forma al servirla.
La versatilidad de la tortilla de patatas es otra de sus virtudes. Aunque la receta clásica es insuperable, admite variaciones según las regiones y gustos personales. Lo importante es respetar la proporción entre huevos y patatas, y sobre todo, cocinarla con paciencia y cariño, que son los ingredientes secretos de cualquier plato tradicional bien hecho.
Para los puristas que prefieren la versión original, simplemente omite la cebolla. El sabor será más neutro y permitirá apreciar mejor el sabor de las patatas y el huevo.
Añade medio pimiento verde cortado en tiras finas junto con la cebolla. El pimiento aporta un sabor ligeramente amargo y un color vibrante.
Para una versión más contundente, añade 100g de chorizo picado en trozos pequeños. Sofríelo ligeramente antes de incorporarlo a la mezcla de huevo y patatas.
Dejar enfriar completamente, envolver en film transparente o guardar en un recipiente hermético. Consumir en 2 días. No congelar, ya que la textura de las patatas se alteraría.
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