Deliciosas trufas artesanales con un corazón cremoso de avellana tostada

Las trufas de chocolate negro y avellana son un clásico de la repostería francesa que combina la intensidad del cacao con el aroma tostado de las avellanas. Estas delicias redondas, cubiertas de cacao en polvo, tienen su origen en la región de Périgord, famosa por sus trufas negras, aunque estas son mucho más dulces y accesibles.
La textura de estas trufas es verdaderamente exquisita: un exterior ligeramente crujiente de cacao en polvo que da paso a un interior suave y cremoso que se derrite en la boca. El chocolate negro de buena calidad (mínimo 70% de cacao) proporciona profundidad y complejidad, mientras que la avellana tostada añade notas terrosas y un toque crujiente que contrasta maravillosamente.
Para prepararlas correctamente, es fundamental trabajar con ingredientes a temperatura ambiente y tener paciencia durante el proceso de enfriado. La crema de avellanas debe estar bien integrada con el chocolate fundido para lograr una mezcla homogénea que se pueda moldear con facilidad. El reposo en refrigeración es clave para que la masa adquiera la consistencia adecuada para formar las bolitas.
En cuanto a la presentación, estas trufas lucen especialmente elegantes servidas en pequeños moldes de papel o sobre una bandeja de porcelana blanca. Se pueden espolvorear con cacao en polvo, coco rallado o incluso trocitos de avellana tostada para darles un toque personal. Son perfectas para acompañar un café espresso o un vino dulce como el Oporto.
Estas trufas no solo son un postre delicioso, sino también una experiencia sensorial completa. El aroma del chocolate y la avellana se percibe incluso antes de probarlas, y el primer bocado revela todas las capas de sabor que se han desarrollado durante su elaboración. Son ideales para impresionar a invitados o para darse un capricho especial en casa.
Un consejo importante es almacenarlas correctamente: en un recipiente hermético en el refrigerador, donde se conservarán perfectamente durante una semana. Antes de servir, es recomendable sacarlas unos minutos para que recuperen su textura cremosa característica.
Sustituye el chocolate negro por chocolate blanco y añade ralladura de naranja para un contraste cítrico.
Reemplaza la nata por leche de coco y la mantequilla por aceite de coco. Usa chocolate vegano sin lácteos.
En lugar de cacao en polvo, baña las trufas en chocolate negro fundido y decora con avellanas enteras.
Guardar en un recipiente hermético en el refrigerador. Separar capas con papel de hornear para evitar que se peguen.
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