Un guiso reconfortante con pollo, arroz bomba y un sofrito bien hecho

Para evitar los fallos más comunes, fíjate en el punto del sofrito. El tomate rallado necesita sus 8-10 minutos a fuego medio para perder la acidez y espesar. Si lo añades antes de tiempo, el arroz quedará ácido. Usa muslos de pollo con piel y hueso; su grasa y gelatina darán más sabor al caldo que una pechuga.
Cuando dore el pollo, hazlo a fuego medio-alto y no lo muevas hasta que se despegue solo de la paellera. Así se marca bien y no se pega. Reservarlo es clave para que no se cocine en exceso mientras haces el sofrito. Luego, al añadir el pimentón al sofrito, mézclalo rápido y en seguida el tomate o el calor residual lo quemará y amargará todo el plato.
El momento del arroz es otro punto delicado. Primero, rehógalo 1-2 minutos con el sofrito antes de añadir el caldo. Esto sella el grano y ayuda a que no se pase. Vierte siempre caldo caliente, nunca frío, para no cortar la cocción. Una vez empiece a hervir, baja el fuego y no lo remuevas. Deja que el arroz bomba absorba el líquido tranquilo durante 18-20 minutos. Si lo revuelves, liberarás almidón y se te convertirá en una papilla.
El reposo final tapado con un paño es lo que da el punto perfecto de caldosidad. En esos 5 minutos fuera del fuego, el grano termina de hidratarse con el calor residual y el caldo se equilibra. Si lo sirves en seguida, puede parecer que le falta líquido. Si el caldo se evapora demasiado rápido durante la cocción y el arroz queda seco, añade un poco más de caldo caliente, pero con cuidado para no pasarte.
Mi consejo: si no tienes azafrán, un buen sustituto es una cucharadita de colorante alimentario (sin sabor) o una pizca de cúrcuma para el color, aunque el sabor será diferente. El perejil y el limón al final no son solo decoración; el ácido corta la grasa y refresca cada bocado. Sírvelo directamente de la paellera en la mesa para que esté bien caliente.
Sustituye el pollo por una mezcla de gambas, mejillones y calamares. Usa caldo de pescado en lugar de caldo de pollo.
Omite el pollo y usa caldo de verduras. Añade champiñones, alcachofas y pimientos de colores para más sabor y textura.
Tradicional en algunas regiones españolas, sustituye el pollo por trozos de conejo para un sabor más intenso y auténtico.
Guarda en un recipiente hermético en el refrigerador. Calienta a fuego lento en una cazuela añadiendo un poco de caldo o agua para recuperar la textura caldosa.
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